jueves, 8 de abril de 2010

Libertad de sentirse preso

Me declaro dependiente de las noches compartidas después de desgajarse la cabeza en mil pedazos diminutos tras las fiestas. A no estar solo sin vos, y vos sin mi cuerpo. A la libertad de sentirme preso entre tus brazos mientras sentimos las canciones terminar en colores que no nos pertenecen. Por fin siento que debo caminar mis pasos sobre tus pasos y mis letras escribirlas sobre tus palabras.

Pasamos horas acostados esperando el amarillo del sol y la tostada oscuridad del ocaso; para en tinieblas buscar, a puro tacto, las pizcas de arena del tictac que desparramaste por el piso parando mi tiempo, tiempo que me dice que pasa dejándome adjunto a vos, subordinado en un triangulo que impone dos cuerpos y una habitación.

Me declaro dependiente; me declaro dependiente de tus lecturas de pasajes implacables a la siesta, y quizás pero no estoy seguro, culpable de besarte la mejilla esquivando un beso como quien quiere presumirte como un niño.


sábado, 3 de abril de 2010

Basta que me bajo.

Baladra la maquina mientras anuncia que se mueve; rueda la rueda demostrando su kinesis. Mis pasos, al contrario sentido, son incesantemente continuos como el transcurrir de los años, años que van desafiando a los que transcurrimos el camino.

Camino que yo camino, para luego comenzar con el tranqueo y terminar corriendo desesperado mientras el mundo gira en mi contra mas loco que un rulemán y yo grito: “basta, me quiero bajar”

miércoles, 17 de marzo de 2010

¿bailamos?

Al ritmo de tu dos por cuatro pretendo, y sin mas vueltas, intentar abrazar tu cadera dormida. Estirarme inhumanamente y tender mis manos sobre tu pechos desprender tus ropas, quitando todo hasta dejarte vacía.

jueves, 4 de marzo de 2010

Tu cafè


Bruscamente abrí los ojos, mientras, tanteando al manotón indagaba mi periferia. Buscando donde te escondiste, como desapareciste, el como y el por que de esas cosas que sucedieron por una rara concatenación de sucesos.


Me incorpore intentando expandirme como las plantas cuando hacen fotosíntesis, estiré los dedos de los pies hasta hacerlos crujir y me propuse a bajar las escaleras. Me dirigí sin otro motivo a la cocina. Tome mi taza negra, notando que tu taza roja sigue en la alacena pero ya sin usarse, sin café, sin tus labios, solo con la compañía insípidos y blancos cacharros.

No vacilé y sin otro movimiento, casi mecánicamente, la llene de café un oscuro y fuerte; di media vuelta y apoyando mi espalda en el bajo mesada, me senté en el pequeño espacio de sol que se afila por la ventana en el piso para con mi café diario repasar como tener un poco más de tus locuras, o ver tus inofensivas pecas sobre la nariz otra vez.



jueves, 25 de febrero de 2010

Cada Domingo

Espero a cada domingo como si fuera el primero, deseo caminar cuadras y cuadras durante toda la tarde completa. Partiendo de esa casa con los árboles inmensos; cruzando ríos detrás del parque, cruzando mares atrás del túnel.

A mi lado vos, la conjugación ideal de dulzura e inocencia. Me pillas de la mano, y con solo el pretexto de la compañía las veredas pasan debajo de nosotros como un expreso. Buscando, para escondernos del frió seguro, alguna tienda enorme donde cada cliente es fugaz y perecedero, nadie es considerado nada y siendo nada somos muy felices. Pasamos inadvertidos de todo y de todos. Solo nosotros podemos percibir el contraste que ostentan nuestros mil colores en un lugar que parece tan crudo y gris como el ártico.

Pasajes a callejones andamos todo sin parar mientras noto, de un momento al otro, que las baldosas de granito parecen enormes y que mis piernas se alargan como zancos; cada pisada es muy profunda pero tan blanda y endeble como si fueran sobre algodones. ¡Si!, creo que a tu lado me siento gigante y el mundo parece quieto.

Pronto, en mi cabeza, las marchas profundas se transforman en una sociedad rítmica de números con pasos, de pasos con baldosas.

“¡Uno, dos y tres!, por cada trío de pasitos un traspié”, cantamos antes de largar una de las tantas risotadas de la última hora; y en un vertiginoso recuerdo vuelvo a saber que espero cada domingo como si fuera el primero; partiendo de la casa de los árboles inmensos para ser nada y siendo nada ser felices.







viernes, 12 de febrero de 2010

Trastorno Sensorial



Con los ojos llenos de sonidos siento mi boca colmada de perfumes; el tacto saturado de imágenes y el olfato tupido de texturas. Voy dando vuelta horizontal, pretendiendo desprenderme de esta maraña de sabanas que parecen no quererme mientras el ventilador oscila infinitamente sobre mí dando idea del calor de la noche. Intento fijar la mirada y a duras penas logro ver, casi soñando, que sus aspas parecen las alas de un cóndor, rígidas, virando eternamente en radiales térmicas.

Cada vuelta en la cama parece eterna, como si el lecho se extendiera en un salar andino. Doy fe que estoy solo cuando por fin siento, algo entre dormido todavía, el espacio vació que dejó tu nuca en mi almohada que me grita a sabiendas que te fuiste luego de trastornarme sutilmente los sentidos.



lunes, 1 de febrero de 2010

Sos aroma a campo.

Colorada como un grano de trigo,
pequeña y quieta su alma.
Fértil como flor de cebil.
Meto mis manos en la tierra
buscando sus raíces para sentir.